Elaine Martins Alabando en el Presidio

domingo, 21 de noviembre de 2010

REFLEXIONES PARA EL DÍA A DÍA:

Conversando con Jesús
Juan 3: 1-15
José Gil

Estuve meditando la lectura de la conversación más famosa en la biblia, la que sostuvieron un hombre llamado Nicodemo y Jesús. Detalles pasan por mi mente, como el hecho inusual de un anciano maestro consultando a un joven que apenas había alcanzado la mayoría de edad. Trato de imaginar como hizo para contactar a alguno de los discípulos para que le dijese el lugar donde pasarían aquella noche, y poder venir a dialogar…buscando respuestas, buscando aclarar el misterio sobre quien era aquel joven predicador que hacia milagros, que echaba a los mercaderes del templo, que alimentaba multitudes, buscado, sobre todo, algo que su longevidad y conocimiento no le habían podido dar…plenitud.

Mientras meditaba estas cosas sobre Nicodemo pude ver similitudes con mi vida, y encontré en las respuestas de Jesús para el anciano, las respuestas a algunas de mis inquietudes. Te comparto tres aspectos que llamaron mi atención, y sobre las que necesito profundizar en mi propia vida.

Lo que temía: seguramente el anciano maestro de la ley supo de la expulsión de los mercaderes en el templo, y que había llamado ladrones a los involucrados en aquellos negocios. Lucas 19:47 y 20:19 muestran el odio profundo de colegas y superiores de Nicodemo contra Jesús. Entonces decide ir a hablar con el maestro, pero de noche. Temía ser visto, temía ser etiquetado como seguidor de Jesús, temía perder su posición de prestigio, su jubilación, su seguro médico, su posibilidad de reunirse con colegas a tomar el té o compartir una cena. Sin embargo, a pesar de su temor, Nicodemo fue. Avanzando entre su temor y la sed de su alma, a la sombra de la noche, fue al encuentro con la fuente de agua vida.
 
Lo que no entendía: Nicodemo vino a Jesús para tener una discusión teológica sobre el origen del poder para hacer señales. Al igual que muchas personas el anciano reconocía la autoría de Dios en los hechos. Sin embargo, Jesús detiene en seco el discurso introductorio y halagador de Nicodemo y le señala algo que su visitante no entendía. “El que no nazca de nuevo, no puede ver el reino de Dios”. Moisés pudo ver la tierra prometida desde Lejos, y claro que Nicodemo lo sabía, pero ahora el joven predicador le dice que quien no nace de nuevo ni siquiera podrá ver el reino divino, esto es, no tiene la capacidad de ver ni entender las obras de Dios. Nicodemo sabía todo sobre el ayuno de los martes y los sacrificios de los viernes, era un experto en cuantos metros se podía caminar un sábado y cuantos granos de mostaza completaban el diezmo a dar por cada kilo. Podía tomar un pelo de la ley y partirlo en 10 partes iguales con su conocimiento teórico, pero Nicodemo no entendía lo que era “nacer de nuevo…nacer del agua y Espíritu”. El anciano pensaba en reformas y mejoras a la ruina del hombre a través de rituales, y por eso no entendía que el reino de los cielos vino para lavar las culpas y darnos al Espíritu de Dios, una vida nueva, cero kilómetros, una pizarra limpia, un nuevo comienzo.
 
Lo que ignoraba: imagina que están hablando bajo un árbol y mientras Jesús buscaba el corazón de Nicodemo, rodeado de raíces viejas y rígidas de religión, sediento de un nuevo latir, una brisa desprendió una hoja del árbol y la dejó caer entre los dos hombres. Jesús la levanta, se la muestra a su futuro discípulo, y le dice “el viento sopla donde quiere, y oyes su sonido, mas no sabes de donde viene ni a donde va, así es todo el que ha nacido del Espíritu”. Fue demasiado para un hombre en el ocaso de la vida, “¿Cómo puede hacerse eso? Entonces el hijo de Dios pone su dedo para remover la carga del anciano “¿Eres tu maestro de Israel, y no sabes esto?” Tanta lectura, tanta discusión académica, tanto ritual, tanto conocimiento, pero ignoras que se trata no de aprender de memoria para enseñar a otros, sino que se trata de tener un compañerismo genuino, personal, cotidiano, con el Padre, lo cual solo es posible por su amor y creyendo en quien tienes al frente Nicodemo. Necesitas nacer de nuevo, poner tu confianza en mí, descarga las ligaduras de tu rígido y religioso corazón…y encontraras reposo para tu alma.
 
Conclusión: Termino diciéndote que, he venido conversando con Jesús, y me he dado cuenta que muchas veces estaba viniendo a El de noche, para no ser visto. Me he dado cuenta que otras veces, mis palabras, hechos y pensamientos  se han concentrado en sus señales mas no en su camino. Me he dado cuenta que, tantas veces, he ignorado que nacer de nuevo se trata de una nueva vida, no de una vida maquillada o decorada dejando polvo debajo de la alfombra.

Leí que el maestro Nicodemo siguió a Jesús, a plena luz del día, y me gusta saber que yo también, ando en el Espíritu, y disfruto de un compañerismo que nutre mi alma y alienta a mi corazón. Ya no volveré a ser el que fui antes de tener mi propia conversación personal con Jesús. Te animo a que converses con El, y animes a otros a tener esa decisiva conversación…hoy. Amen.

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